La estética de los nuevos productos tecnológicos se ha convertido en un factor muy importante del que no solo emana una atractiva apariencia para atraer al consumidor que quiere estar a la última. El propio diseño puede hacer más o menos útiles o versátiles a los nuevos productos marcando una gran diferecnia.

Un ejemplo claro lo encontramos en los teléfonos inteligentes, en las tabletas y nuevos gadgets donde el tamaño de la pantalla, el espesor, la situación de los botones, el acabado, los materiales, colores, etc. etc. son un factor determinante para el usuario, y en definitiva, para captar y fidelizar al cliente.

En la práctica, y como es lógico, hay un gran desconocimiento sobre el funcionamiento del registro de estos diseños, pero el propio registro es la clave legal, pues es de él parte el derecho de uso en exclusiva de cada diseño, y por tanto, todo lo relacionado con el monopolio de su explotación.

Por tradición y volumen el mercado estadounidense es el gran caramelo de las nuevas tecnologías, motivo por el que he decidido centrarme únicamente en su peculiar sistema de registro de diseños. De partida difiere de las legislaciones europeas, donde existe una modalidad específica para el diseño industrial bien sea como un dibujo bidimensional o como un modelo tridimensional, pues en EE.UU. los diseños se registran como patentes de diseño.

Patentar en Estados Unidos implica arrancar un proceso administrativo complejo y contar con un especialista como aliado es una excelente opción. Además, para los no residentes en Estados Unidos es imprescindible tener un representante legal.

Sabido esto, es interesante conocer algunas nociones sobre el funcionamiento del registro de diseños en Estados Unidos para ponerse en situación y poder tomar decisiones al respecto.