La apariencia de un producto (incluido el embalaje, la presentación, los símbolos gráficos y los caracteres tipográficos) o una parte del mismo pueden protegerse. Esto hace referencia a las líneas, contornos, colores, forma; textura y/o materiales del propio producto, o a su ornamentación.

Las empresas dependen cada vez más de la innovación rápida y del desarrollo de nuevos productos que son el reflejo de su imagen y se convierten en un activo con valor económico. Esto es especialmente importante en sectores donde existe una gran rotación de producción debido a la necesidad de presentar nuevas colecciones cada temporada. Dichos productos son los mejores embajadores de la creatividad de las empresas y con ellos cautivan a la clientela pero también a los competidores. Si no los protegen otros pueden aprovecharse de sus inversiones. La Unión Europea ofrece instrumentos jurídicos eficaces para proteger los diseños y modelos de las empresas. Eso si, para que sean susceptibles de recibir protección, dichos productos deben ser nuevos y tener carácter singular.