Todas las empresas deben tener un nombre que las identifique. La razón social, conocida también como nombre de la empresa o compañía, es el nombre que los empresarios usan para su fines comerciales.

Se considera razón social a la denominación con que una empresa es constituida. Así pues, es el atributo legal que aparece en la escritura o documento de constitución, que permite identificar a una persona jurídica y demonstrar su constitución legal. Esta razón social le permite tributar,  facturar, etc.

En definitiva, la razón social es la denominación que se utiliza a nivel administrativo y jurídico: será la que permita distinguir legalmente una empresa del resto de empresas presentes en el mercado y la que se utilice para realizar los trámites necesarios para la actividad de la misma.

El artículo 413 del vigente Reglamento del Registro Mercantil español en su primer apartado establece que “No podrá autorizarse escritura de constitución de sociedades y demás entidades inscribibles o de modificación de denominación, sin que se presente al Notario la certificación que acredite que no figura registrada la denominación elegida. La denominación habrá de coincidir exactamente con la que conste en la certificación negativa expedida por el Registrador Mercantil Central.”

Es muy importante puntualizar que la razón social no es la marca registrada: esta última de hecho sirve para identificar una empresa en el mercado, siendo la denominación que se elija como marca la que los consumidores van a conocer y reconocer.

Por esto, razón social y marca pueden (y en la realidad de hecho lo son) ser profundamente diferentes entre ellas: la primera es una denominación “formal” utilizada en los trámites administrativos de una empresa, mientras que la segunda (marca registrada) se elige siguiendo otros criterios; por ejemplo, claridad y sencillez, puesto que será el nombre que los consumidores van a identificar con los servicios/productos.