Un poder notarial es una autorización mediante la cual una persona física o jurídica autoriza a otra a ser su representante legal.

Cualquier persona mayor de edad y en plena posesión de sus facultades mentales es susceptible de otorgar un poder. Para hacerlo efectivo, tan solo ha de acudir a una notaría con el DNI para empezar a certificar el poder.

Es decir: con un poder notarial, se le da a otra persona autoridad para actuar legalmente en su nombre y de conformidad a las disposiciones del Poder. En términos jurídicos, esa persona se llama un agente o apoderado.

Este tipo de poderes se utiliza de forma necesaria por ejemplo en actos de representación procesal como pleitos por infracciones de derechos de propiedad industrial o intelectual, para otorgar facultades a abogados y procuradores.

¿Qué diferencia hay entre un poder simple y un poder notarial?

  • Un poder simple es un mandato no protocolizado, donde una persona faculta a otra por escrito para que la represente y no tiene la certificación de un notario.
  • Por otro lado, un poder notarial es un mandato protocolizado (o sea firmado ante notario y por tanto elevado a píblico), donde una persona faculta a otra para representarla.

En España, para realizar cualquier tipo de actos ante la OEPM con un poder simple es suficiente.

Sin embargo, para instar tramitaciones desde España en otros países más formalistas (como por ejemplo Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y República Dominicana) se requiere el depósito de un poder notarial para actuar frente a las oficinas de registros competentes.